100 años de Oda a Salvador Dalí, de Federico García Lorca
Federico García Lorca y Salvador Dalí se conocen en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1923, donde surgirá una relación de amistad, intelectual y artística, que desemboca en lo que el pintor denominará en 1986 como “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”.
Durante abril de 1925 el poeta visita Cadaqués invitado por la familia Dalí, y a su regreso comienza a escribir esta oda, que será publicada al año siguiente en Revista de Occidente, nº XXXIV, año IV, abril de 1926. Durante este periodo son numerosas las cartas en las que pintor y poeta se refieren al poema. La oda se divide en cinco partes y está compuesta por veintiocho estrofas y un total de ciento trece versos alejandrinos, es decir, de catorce sílabas. Todas las estrofas tienen cuatro versos, a excepción de la estrofa número veintiuno a la que añade uno más, muy significativo a nivel connotativo y metafórico: ¡Siempre la rosa!.
En este proyecto las imágenes sugeridas a partir de cada una de la estrofas del poema acompañan su lectura, ofreciendo una mirada personal que indaga en analogías, significados y estructuras. Además, reflexiona y analiza el proceso de escritura de la oda, deteniéndose en los cambios realizados por el poeta en el manuscrito y en la publicación definitiva. Aquí descubrimos cuatro mayúsculas que no estaban en el original, y que Lorca introduce para la publicación: Gobierno, Noche, Muerte, Arte. Cuatro palabras premonitorias y enigmáticas que destaca de manera intencionada, en las que se revela el yo lorquiano. Esta simultaneidad sugiere metafóricamente un doble retrato, semejante a los dibujos dalinianos que también Lorca realiza, en la que los rostros del poeta y el pintor aparecen superpuestos.
Oda a Salvador Dalí nos desvela el alma del poeta, sus emociones, el momento vital que las atraviesa, y su forma de entender el arte y la existencia, confrontada a la de su amigo Dalí, a quien alaba y homenajea.
Consuelo Vallejo Delgado


