Inmersos en la celebración del 112 aniversario del nacimiento de Lorca, este año recordamos su primera salida a América. Intervenimos el espacio de la sala Granero para comprender su huída a Nueva York, su viaje interior y distancia miento de su mundo cercano, desde tres referentes: los mensajes tranquilizadores de las cartas a su familia frente a las imágenes desoladoras de sus poemas a extractos de su conferencia: una metáfora plástica de un viaje físico y emocional. Tres líneas que nos enseñan al poeta en el Senegal de las máquinas, donde - hace ochenta años- sus sentidos se emborracharon de nuevas perspectivas y su creación buscaba y encontró nuevas formas ; su reacción lírica ante este nuevo mundo donde reinaba la geometría, la máquina, la esclavitud, sobre un “fondo espiritual insobornable” en el Harlem de Nueva York. Sus versos sin sueño, siguen hoy trasmitiéndonos con fuerza la necesidad del grito, para luchar contra todo lo que suponga “muerte sin esperanza”. Desde allí, “solo y errante” el poeta no dejó nunca de evocar su infancia.


